Entrevistas QDW · 01 · Sostenibilidad

Diseñemos el mundo en el que queremos vivir

Inka Mattila, representante residente del PNUD en Ecuador, explica por qué la sostenibilidad tiene que ser el punto de partida del diseño, cómo medir el impacto sin caer en el greenwashing y qué le debe el diseño a las próximas generaciones.

19 de octubre de 2026Lectura de 9 minEntrevista escrita · Quito Design Week
Retrato de Inka Mattila
Inka MattilaRepresentante residente · PNUD Ecuador

La sostenibilidad no debe ser una característica que añadimos al diseño; debe ser la condición desde la cual empezamos a diseñar.

En el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) creemos que la sostenibilidad es una oportunidad para transformar la manera en que vivimos, producimos y consumimos. Es una fuerza que impulsa la innovación, genera oportunidades económicas, fortalece la competitividad y contribuye a construir sociedades más inclusivas y resilientes.

Esta visión forma parte de nuestro compromiso con un desarrollo que genere prosperidad para todas las personas y avance en armonía con el planeta. En Ecuador, la llevamos a la práctica mediante alianzas, conocimiento e iniciativas que promueven modelos productivos más sostenibles, como Moda y Construcción Sostenible, liderada por el Ministerio de Ambiente y Energía, implementada por PNUD Ecuador y financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), con una inversión de USD 5,56 millones que busca transformar cadenas de valor mediante innovación, circularidad y soluciones que beneficien tanto a las personas como al ambiente.

A escala global, el PNUD trabaja en químicos, residuos y circularidad en 144 países, con un portafolio de aproximadamente USD 1.400 millones. Esta experiencia nos permite conectar soluciones locales con conocimiento internacional, políticas públicas, financiamiento e innovación.

Si el PNUD tuviera que rediseñar desde cero un objeto o hábito de su oficina bajo la filosofía de «impacto cero», ¿cuál elegirían y por qué?

Rediseñaríamos el hábito de «comprar, usar y desechar». No comenzaría por cambiar un vaso, una silla o una impresora, sino por cambiar la pregunta que hacemos antes de adquirirlos: ¿realmente lo necesitamos?, ¿de qué materiales está hecho?, ¿contiene sustancias peligrosas?, ¿puede repararse?, ¿cuánto tiempo durará y qué ocurrirá cuando termine su vida útil?

Ese cambio de lógica es fundamental. Hoy, a escala global, apenas el 6,9 % de los materiales que utilizamos vuelve a circular en la economía. Por eso, desde el PNUD promovemos una transición que no se limite a gestionar mejor los residuos, sino que los evite desde el diseño.

Esta visión ya orienta nuestras acciones en Ecuador. A través de iniciativas como Moda y Construcción Sostenible, impulsamos una transformación integral que comienza en la selección de materiales, incorpora procesos productivos más responsables y promueve nuevas formas de consumo, reparación y reutilización.

Nuestro propósito es demostrar que es posible innovar, generar oportunidades económicas y reducir el impacto ambiental desde las primeras decisiones de diseño.

Tres personas con batas de laboratorio revisan una placa de muestra en un laboratorio
Innovación en materiales en un laboratorio aliado. Fotografía: PNUD Ecuador.

¿Qué desafío urgente o provocación le plantea el PNUD a la comunidad de QDW para liderar la transición hacia un futuro sostenible?

Una prenda, un edificio o un mueble nunca existen de manera aislada. Detrás hay materias primas, territorio, agua, energía, sustancias químicas, transporte, trabajo, consumo y finalmente residuos. El verdadero desafío del diseño es intervenir sobre ese sistema completo: eliminar sustancias peligrosas desde el origen, utilizar materiales seguros y locales, extender la vida útil, hacer posible la reparación y el reúso y, al mismo tiempo, generar empleo y oportunidades económicas.

Esta transformación ya está en marcha. Desde el PNUD impulsamos una iniciativa global que se implementa simultáneamente en Ecuador, Mongolia y Perú, conectando experiencias, conocimientos y soluciones para transformar las cadenas de valor de la moda y la construcción.

En conjunto, las intervenciones apoyadas por el PNUD en estos tres países prevén beneficiar a 196.000 personas, evitar alrededor de 1,8 millones de toneladas de CO₂ y reducir el uso de sustancias y residuos peligrosos en las cadenas de valor de estos sectores productivos.

Nuestra provocación a Quito Design Week es directa: ¿de qué sirve diseñar algo extraordinario si, para producirlo, comprometemos la salud de las personas, agotamos los recursos del planeta o dejamos a otros fuera de las oportunidades económicas?

El verdadero desafío no es diseñar más, sino diseñar mejor: creando prosperidad, bienestar para las personas y soluciones que protejan el planeta.

¿De qué sirve diseñar algo extraordinario si, para producirlo, comprometemos la salud de las personas?

Inka Mattila · PNUD

¿Cómo pueden los y las diseñadoras medir el impacto real de sus proyectos evitando el greenwashing?

Podemos empezar midiendo aquello que cambia, no solamente aquello que comunicamos.

Decir que un producto es «verde», «natural» o «circular» no es suficiente. Necesitamos saber de dónde vienen sus materiales, qué sustancias químicas contiene o evita, cuánta energía y agua utiliza, cuánto residuo genera, cuánto dura, si puede repararse o reciclarse, quiénes participan en su cadena de valor y quién recibe los beneficios económicos.

Para ello, los estándares internacionales son fundamentales. Herramientas como el análisis de ciclo de vida, basado en las normas ISO 14040 y 14044, y los sistemas de certificación y trazabilidad permiten evaluar impactos, establecer criterios comunes y respaldar las afirmaciones de sostenibilidad con evidencia verificable. Además, facilitan el acceso a mercados que exigen cada vez mayor transparencia y responsabilidad ambiental.

Y, sobre todo, necesitamos una línea base. Sin saber dónde comenzamos, difícilmente podemos demostrar cuánto hemos avanzado.

En Ecuador estamos llevando esta lógica a sectores concretos. Desde la iniciativa Moda y Construcción Sostenible se contemplan seis pilotos demostrativos que incluyen materiales innovadores elaborados con bambú y cascarilla de arroz, algodón producido con prácticas más sostenibles, alternativas al plomo en ladrilleras, gestión de textiles y uniformes con sustancias persistentes y soluciones a partir del abacá.

Desde la formulación de esta iniciativa establecimos metas concretas para orientar y medir la transformación que buscamos alcanzar: intervenir 80.000 hectáreas, evitar aproximadamente un millón de toneladas de CO₂ equivalente y reducir o evitar 2.000 toneladas de productos con sustancias químicas peligrosas, además de disminuir emisiones de contaminantes orgánicos persistentes no intencionales.

En el PNUD tenemos un papel que combina articulación, movilización y acción. Conectamos a los actores que pueden impulsar el cambio, movilizamos conocimiento, capacidades y recursos, y acompañamos la implementación de soluciones que puedan medirse, verificarse y ampliarse.

Moda y Construcción Sostenible, la iniciativa que el PNUD implementa en Ecuador

USD5,56 Mde inversión para transformar las cadenas de valor de la moda y la construcción
127.000personas beneficiarias, con foco en mujeres, artesanos, productores y jóvenes
6pilotos demostrativos: bambú, cascarilla de arroz, algodón, abacá, ladrilleras y textiles
80.000hectáreas intervenidas como meta de la iniciativa

Fuente: documento de proyecto PRODOC Cadenas de Valor Sostenibles, PNUD 2026.

¿Por qué la equidad social y territorial es indispensable en un proyecto sostenible?

Porque el verdadero desarrollo es integral: genera oportunidades, reconoce la diversidad de los territorios y no deja a nadie atrás.

La sostenibilidad no se trata únicamente de proteger los recursos naturales. También significa mejorar las condiciones de vida, ampliar las oportunidades económicas y reconocer a las personas que, con su trabajo, conocimiento y creatividad, hacen posible la producción.

Ecuador tiene una enorme diversidad territorial, productiva y cultural. Una solución que funciona en Quito puede no responder a las necesidades de Galápagos, Manabí o una comunidad productora de bambú, algodón o abacá. Por eso necesitamos diseñar con el territorio y no solamente para el territorio.

Con la puesta en marcha de la iniciativa Moda y Construcción Sostenible buscamos beneficiar a más de 127.000 personas, prestando especial atención al empoderamiento económico de las mujeres, las comunidades vulnerables, las pequeñas y medianas empresas, los productores, artesanos y jóvenes.

Pero equidad también significa reconocer el conocimiento. Muchas soluciones que hoy denominamos circulares —reparar, reutilizar, trabajar con materiales locales, producir con eficiencia— forman parte desde hace generaciones de prácticas artesanales y comunitarias.

Nuestro papel como PNUD es acompañar para conectar ese conocimiento con innovación, política pública, financiamiento, academia y mercados.

Esta es la visión que orienta nuestras acciones: que las transformaciones ambientales también sean transformaciones sociales y económicas, capaces de generar bienestar y prosperidad en los territorios.

Cinco mujeres con vestimenta tradicional amazónica de pie bajo una cubierta de paja
Una mujer sonríe junto a un árbol de cacao con mazorcas maduras
Diseñar con el territorio: comunidades y productoras que participan en iniciativas del PNUD en Ecuador. Fotografías: PNUD Ecuador.

¿Cuál es el legado más urgente que el diseño debe dejar a las próximas generaciones?

Durante décadas hemos diseñado pensando principalmente en cuánto cuesta producir algo, cómo funciona y cómo hacerlo atractivo para quienes lo consumen. Hoy tenemos la oportunidad de ampliar esa mirada: preguntarnos de dónde vienen los materiales, qué recursos utilizamos, qué impacto generamos y, especialmente, quiénes son las personas que están detrás de cada producto y hacen posible su elaboración.

Porque detrás de una prenda, un edificio o un objeto hay historias, conocimientos, trabajo y comunidades enteras. Diseñar de manera sostenible también significa reconocer ese valor, promover condiciones productivas más justas y generar oportunidades para las próximas generaciones.

Esto es particularmente urgente porque, si mantenemos los actuales patrones de producción y consumo, la extracción mundial de materiales podría aumentar alrededor de un 60 % hacia 2060.

Desde el PNUD vemos una enorme oportunidad para cambiar esa trayectoria. Nuestro trabajo global demuestra que la circularidad, la gestión responsable de sustancias químicas y la innovación en materiales pueden impulsar transformaciones en sectores como textiles, construcción, agricultura, electrónica, turismo y minería artesanal y de pequeña escala.

Nuestra contribución consiste en conectar esas soluciones con políticas públicas, inversión, conocimiento y desarrollo productivo, para que la sostenibilidad no sea una aspiración aislada, sino una oportunidad real de transformación.

Por eso, el legado que necesitamos del diseño no son únicamente mejores objetos. Son mejores sistemas para producir, construir, vestirnos, habitar y consumir. Sistemas que cuiden el planeta y, al mismo tiempo, amplíen las oportunidades de las personas.

Diseñar con el territorio y no solamente para el territorio.

Inka Mattila · PNUD

¿Qué mensaje o inspiración les gustaría dejar a la comunidad QDW?

El diseño tiene un poder extraordinario: puede hacer deseable un futuro que todavía no existe.

Muchas de las grandes transformaciones que necesitamos —una economía circular, ciudades más resilientes, materiales más seguros, cadenas productivas libres de sustancias peligrosas— pueden parecer conceptos técnicos o lejanos. El diseño tiene la capacidad de convertirlos en un edificio que queremos habitar, una prenda que queremos usar, un material que una empresa quiere producir o una solución que una comunidad puede hacer propia.

Desde el PNUD queremos ser un aliado para que esas ideas puedan pasar del concepto a la acción y alcanzar una mayor escala. Nuestro valor está en conectar la innovación con políticas públicas, financiamiento, conocimiento internacional, sector privado, academia y territorio. Esa capacidad de articulación es particularmente importante cuando necesitamos responder a desafíos complejos y transformar experiencias piloto en soluciones que puedan replicarse.

En Ecuador ya estamos construyendo ese puente. Junto con el Ministerio de Ambiente y Energía, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y una amplia alianza de instituciones públicas, empresas, universidades, gobiernos locales y productores, estamos impulsando una inversión de USD 5,56 millones para transformar las cadenas de valor de la moda y la construcción hacia modelos más limpios, circulares, inclusivos y competitivos.

Pero nuestra aspiración va más allá de una iniciativa. Queremos contribuir a un país donde la innovación genere prosperidad, donde las oportunidades lleguen a más personas y donde el desarrollo económico avance en armonía con la naturaleza.

A la comunidad de Quito Design Week le diría que cada decisión de diseño es también una decisión sobre el futuro. Sobre los recursos que utilizamos, las oportunidades que creamos y el mundo que dejaremos a las próximas generaciones.

Mi invitación es esta: no diseñemos solamente para el mundo que tenemos; diseñemos el mundo en el que queremos vivir.

Sobre esta entrevista

Entrevista escrita realizada por Quito Design Week a Inka Mattila en representación del PNUD, aliado institucional de la segunda edición. Las cifras y datos complementarios provienen del documento de proyecto PRODOC Cadenas de Valor Sostenibles (PNUD, 2026).

Una agricultora sostiene un manojo de rábanos recién cosechados dentro de un invernadero
Producción local y circularidad. Fotografía: PNUD Ecuador.

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Viernes 23 de octubre · 12:00 · Palacio de Cristal

Sostenibilidad como decisión de diseño

Claire MedinaPNUD · Ecuador
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